martes, 17 de enero de 2017

Mi clase inolvidable

A lo largo de mi etapa como estudiante, he tenido la suerte de encontrarme con profesores magníficos de los que guardo muy buenos recuerdos y a pesar de ello, de la gran mayoría no recuerdo ninguna clase en concreto que haya dejado huella en mí. 
Eran excelentes profesores, sabían cómo conectar con el alumnado pero probablemente, les faltaba formación para despertar en la clase esa chispa que prendiera la motivación de todos los que estábamos allí. Digo que creo que les faltaba formación porque era evidente que las ganas de despertar el interés y la pasión por su materia en nosotros, las tenían, en sus exposiciones se notaba ese amor a su trabajo pero no sabían hacerlo de otra forma o quizá no dispusieran de los medios necesarios.

Aún así, recuerdo con mucho cariño y nostalgia mis clases de inglés en el colegio. No fue sólo una clase, fue todo un curso de clases memorables. Un auténtico lujo comparado con las prácticas habituales que se llevaban a cabo en el aula a principios de los años 90. 

Recuerdo que aproximadamente una vez al mes el profesor nos hacía una evaluación del nivel de inglés mediante una prueba oral. Esta prueba no consistía en un examen en el que uno por uno cada alumno mantenía una pequeña conversación con el profesor o contestaba preguntas que éste le iba formulando, como solía ser normal en esa época. Lo que nos proponía era para nosotros totalmente innovador.
La tarea consistía en trabajar en grupos de 4 o 5 compañeros y representar escenas a modo de teatro ante toda la clase utilizando el vocabulario aprendido y añadiendo nuevas palabras y expresiones que considerásemos necesarias para representar la historia que habíamos inventado.

Así, la tarea se dividía en varias fases:
1. Formación de grupos (a elección de los alumnos) para discutir y llegar a acuerdos sobre el tema/escena/historia a representar
2. Redacción de la historia y diálogos de cada personaje. El profesor estaba disponible para poder realizar consultas puntuales sobre vocabulario o expresiones pero nos alentaba a que fuéramos nosotros los que construyéramos los textos, utilizando diccionario y equivocándonos si era preciso puesto que eso no era lo importante. En esta fase se valoraba muchísimo más el trabajo realizado que el resultado final o el grado de corrección del vocabulario utilizado. Además, aprendíamos de nuestros propios errores.
3. Elaboración de vestuario y atrezzo
4. Representación en clase
5. Evaluación por parte del profesor y de los compañeros

La clase era totalmente a medida de los alumnos. En todo momento, el profesor estaba disponible para resolver nuestras dudas pero ejerciendo un papel de guía, teníamos total flexibilidad y libertad para realizar nuestros trabajos.
Destacaba la metodología colaborativa y sobretodo la libertad de decisión y de actuación que significaba en aquel momento una oportunidad sin precedentes para los alumnos.
La actividad requería el trabajo en grupo pero también incluía una parte de trabajo de forma autónoma memorizando diálogos y ensayando textos.
De igual manera, en la evaluación también intervenían los propios alumnos, valorando el trabajo realizado por los compañeros. Estas valoraciones eran tenidas en cuenta por el profesor para realizar la evaluación final de la actividad.

En resumen, fueron una serie de prácticas que nos marcaron a todos como alumnos, que nos depertaron el interés por aprender y con las que, casi sin darnos cuenta y de forma lúdica y entretenida, fuimos ampliando nuestros conocimientos en la materia. Sin necesidad de grandes inversiones en recursos ni herramientas de enseñanza, el profesor consiguió innovar en el aula y dar un soplo de aire fresco.

Para finalizar, adjunto una metáfora visual inspirada a partir de esta y otras experiencias de mi vida como estudiante y también como docente.








No hay comentarios:

Publicar un comentario